Sombreros Panza de burro

En Oaxaca hay muchos tipos de artesanías, elaboradas por manos prodigiosas. Dichas manos prodigiosas también elaboran productos, que aunque no son artesanías como tal, han pasado la prueba del tiempo por su funcionalidad y buena hechura. Una de las casi olvidadas artes de crear productos de gran calidad manualmente es la elaboración de sombreros en Miahuatlán de Porfirio Díaz.

Nos reunimos con Don Lucino Martínez, alias "El Machín",en su peluquería estilo antiguo y nos recibe con una gran sonrisa y algunas bromas; nos dice en tono de mofa que el será el traductor de inglés a español de lo que no podamos escribir y cuando le preguntamos por un artefacto que usa para golpear la cuerda de un viejo arco con el que suaviza la lana, nos dice que se llama "Tocho" en español y en inglés "Pene". A pesar de sus habilidades de traductor y su tendencia natural a bromear, Don Lucino es el fabricante de sombreros más famoso de la ciudad. Aprendió este bello oficio de sus abuelos José Martínez y Apolinar García y también de su padre Pedro Martínez. Los Martínez son la única familia que elabora este tipo de sombreros, llamados Panza de burro por la forma característica de éstos. Don Lucino, muy orgulloso, nos cuenta que ha tenido el privilegio de ser entrevistado por diarios y televisoras de todo el país y, generosamente agrega, que tiene el privilegio de recibir a Exploring Oaxaca en su humilde taller.

El proceso de elaboración de un sombrero es increíble; toma más de una semana la confección de un ejemplar. Inicia con la lana cruda, la cual nunca se lava, ya que esto la dañaría. La lana se limpia cuidadosamente a mano y con una vara, se dice que se le "varea". Después, es cardada con la Carda, un artefacto de dos piezas de madera con cerdas de metal. El proceso continúa en la Arcada, un arco, que en palabras de Don Lucino tiene más de 150 años, ya que perteneció a su abuelo, quien lo usaba con cuerda de tripas de cerdo, ahora se usa una cuerda de nylon. Acto seguido, la lana sale más limpia y suave de la Arcada y se confeccionan hojas compactando la lana con la mano. Después, el proceso se complica un poco más; la lana se coloca en la horma y se introduce en agua caliente. Se saca y se encera, se colora con tienta caliente. Aquí, es importante mencionar que se usa ejote de huizache como tinta para los sombreros negros y grises. El nuevo sombrero, otra vez en la horma, se pone sobre un horno y se calienta con vapor para después pasar a un proceso de planchado.

Estos sombreros únicos se usan en bailes tradicionales: el gris se usa en el baile del guajolote de Miahuatlán. El blanco en el baile del palomo de Ejutla. El negro es el más lujoso y se usa en el jarabe mixteco.

Afortunadamente, la familia Martínez continúa con la tradición ya que el señor Fernando Martínez, hermano de Don Lucino, ha enseñado a sus hijos el difícil proceso de elaboración de los sombreros.

Don Lucino es un hombre parlanchín y nos cuenta que hace muchos años, cuando los campesinos asistían al día de plaza, usaban las alas de sus sombreros para transportar las frutas y verduras que habían comprado en el mercado.

Don Lucino acostumbra trabajar de madrugada, porque dice que el calor del proceso de elaboración del sombrero es agotador.

Dejamos a Don Lucino en su peluquería antigua, un hombre cálido y amigable, orgulloso de sus creaciones, feliz de mostrar a todo el mundo, paciente y amablemente, su arte, porque esto es realmente un arte que debe ser preservado para generaciones futuras, el arte de crear sombreros de panza de burro.

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