Hace mucho tiempo un joven llamado Manuel Jimenez soñó con criaturas fantásticas, mezcla de mamíferos, aves y reptiles. Él los llamó Alebrijes. Quizá sin saberlo, su sueño dió vida a una tradición, una identidad para todo un pueblo: San Antonio Arrazola, Oaxaca.
Manuel Jiménez, antes de inventar los alebrijes, tallaba mascaras en madera zempantle. Algunos aldeanos dicen que el inventor de los alebrijes solía beber frecuentemente y que fue en una borrachera cuando tuvo el sueño. Otros dicen que tenía un libro de dragones chinos de donde obtuvo la idea. Cierto o no, hoy muchas familias elaboran hermosos alebrijes los cuales son una de las artesanías mas importantes de Oaxaca.
Muchos artesanos tienen a cargo la casa de las artesanías donde ofrecen sus creaciones. Sí alguien lo solicita, también ofrecen cursos de como diseñar y pintar su propio alebrije. La casa de las artesanías está abierta después de las once de la mañana todos los días. Hay muchos talleres en el pueblo. De hecho, el estilo y tamaño de los alebrijes depende del sello familiar.
El proceso inicia en las colinas cercanas del valle. El arbusto del cual se obtiene la madera para hacer alebrijes se llama copal, el mismo donde se extrae el incienso. Este tipo de madera es muy manejable y suave. Los talladores tienen que trabajar antes de que pasen ocho días de la tala del árbol, ya que después se endurece mucho cuando se seca. La madera se talla teniendo como diseños plantas o animales fantásticos. Se talla y se pule manualmente. Algunas figuras se arman con diversas piezas hasta que el artesano queda satisfecho de su modelo. Después los alebrijes son pintados con pintura de acrílico. No hay dos iguales. Algunos artesanos elaboran diseños propios o por encargo de tiendas, hoteles, museos, restaurantes, etc.
San Antonio Arrazola, el lugar de los alebrijes originales, toma su nombre del santo patrón y de la hacienda Arrazola que se estableció en esta parte del valle, justo debajo del cerro del tigre donde se encuentra Monte Albán. Si quiere visitar este pueblo, a ocho kilómetros de la ciudad de Oaxaca, tiene que tomar la carretera que conduce a Cuilapam y Zaachila, y dar vuelta a la derecha al pasar Xoxo Esquipulas.
Ven a conocer el verdadero espíritu de las artesanías, y llevate parte de la historia del alebrije desde sus raíces, quizá decore tu hogar y te traiga de vuelta a San Antonio Arrazola, el pueblo de los alebrijes.

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