Calaveritas de Papel

Calaveritas de papel

La tierra oaxaqueña es Alma Mater de un extenso kaleidoscopio de expresiones artísticas que le dan vitalidad, representación y pertenencia a la actividad creadora de sus hábiles habitantes. Una de éstas creadoras oaxaqueñas es la señora María de las Nieves Pacheco Torres, originaria de una familia de más de cinco generaciones de la hermosa y pintoresca villa de Zaachila en los Valles Centrales de Oaxaca. Ella ha desarrollado el arte de fabricar calaveritas de papel reciclado. Las hace de diferentes tamaños, de los que van de los 40 centímetros hasta tamaño real.

Tradición de Día de Muertos

Su actividad creadora empezó hace unos años en una escuela secundaria donde laboraba, lugar donde aprendió del profesor de Artes de la institución el proceso de creación de esta artesanía representativa del Día de Muertos. Después de aprender lo básico, desarrolló su propia técnica con papel meramente reciclado, dando así a las calaveritas mucho más tiempo de existencia que las que había conocido y fabricado en sus inicios.

La gente empezó a encargarle Catrinas caracterizadas como personas ya fallecidas de antaño de su pueblo natal, personas que vivieron hace ya un tiempo y que vestían a la tradicional usanza de la región: la mujer, con su sábana de rayitas multicolores ceñidas con rebozo la cintura y blusas blancas de manta; el varón, vestido con ropa de manta. Conforme perfeccionó su técnica, fue añadiendo rebozos, trenzas, herramientas para el campo, carretones, trajes típicos de las ocho regionales de Oaxaca y de otros estados.

Elaborando calaveritas

La elaboración de las calaveritas requiere un arduo trabajo de días enteros, dependiendo del tamaño de cada una de ellas; para elaborar una de 80 centímetros, toma más de tres días; para elaborar una de tamaño natural, hasta ocho o diez días, de acuerdo a los ornamentos requeridos por lo clientes.

El proceso de elaboración

Para elaborar estas cómicas calaveritas se hacen popotes de papel reciclado, en su mayoría papel bond, los cuales se sujetan con cinta. Para cada calaverita se fabrican 50 de estos popotes. Como los esqueletos son articulados se arman los huesos de los brazos, piernas, columna vertebral, caderas y clavícula por separado. Se sigue un riguroso orden de armado empezando por la columna y la cadera que sirven de marco para las extremidades. Las piernas y brazos se mueven, entonces tienen que sujetarse de manera que quedan engarzados a caderas y clavícula. El costillar se arma junto con la columna y el cráneo se elabora como si fuese una pequeña piñata, con un globo y engrudo. Cabe mencionar que esta artesana oaxaqueña primero elabora los cráneos, ya que éstos le dan la medida de la extensión del esqueleto. Su materia prima es el papel bond, que le da dureza y resistencia a su trabajo haciéndolo menos perecedero que otro tipo de esqueletos en el mercado.

Una de las motivaciones de la señora María de las Nieves es la picardía oaxaqueña hacia la muerte; ella ve estas fechas de Muertos como la gran celebración de Oaxaca, un poco más que la Guelaguetza, la Noche de rábanos o Navidad. En sus creaciones se pueden admirar mariachis completos, borrachos con botellas de mezcal, campesinos, sensuales catrinas de medidas esculturales y proporciones llamativas, catrines con sombreros de copa y elegante capa, guerrilleros, revolucionarios con carrilleras y rifles, vendedoras de mercado y, las infaltables y que gran orgullo le proporcionan a la artista, las vendedoras de nueces de Zaachila, lugar que se embellece con enormes nogaleras que refrescan los rústicos caminos de su tierra natal.

Una vez compitió contra su propio maestro, quien elabora sus calaveras con papel periódico, blanco de España, cola, vendas y yeso, materiales para ella caros, y le ganó con sus creaciones.

Cuando se acercan las fiestas de Muertos

Su trabajo no se expone en galerías, museos o dependencias de gobierno; ella elabora estas pícaras calaveras para adornar casas y oficinas de amigos y clientes de años que la buscan apenas se asoma octubre. En sus propias palabras, le emociona crear algo prácticamente de la basura, algo de bajo presupuesto que con mucho trabajo se convierte en una sonrisa o rostro de asombro de sus clientes o curiosos. Una vez confeccionó una calavera porfiriana con grandes medallones y aretes, a la cual le apodaron "la güerita". Mientras vestía a la "güerita" sentía que sus manos se manejaban solas, con voluntad propia e independiente de su visión final. Así le ha sucedido muchas veces, la calaverita toma la forma de la cara que desea, en el sentido que parece que cada una tiene personalidad propia y original. De ahí su pasión creció y ahora no puede dejar de hacerlas cuando se acerca la fecha. Algo curioso es que su motivación de elaborarlas durante el año es casi nula; apenas agoniza septiembre, su motivación y alegría crece desproporcionadamente y no puede dejar de hacerlas, cosa que le sucede todos los años.

Creatividad oaxaqueña

El embrujo de las tradiciones oaxaqueñas dan pie al vuelo de la creación de sus habitantes, artesanos en potencia, creatividad en la sangre y en las manos, realidad aparte de una imaginación desbordada y sentida a flor de piel y en el corazón de los que se fascinan con el color, el olor, la forma, la historia, lo mítico, lo legendario de figuras concebidas de mentes tan creativas que ven a la muerte como una pícara que los visita cada año.

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