Templo y convento de San Juan de Dios

En 1528 llegaron a Oaxaca los primeros dominicos, quienes se alojaron en la sacristía de este templo, consagrado inicialmente a Santa Catalina, el cual funcionaría como primera catedral.

El patrocinador del conjunto fue el capitán Antonio Díaz Maceda, quien cubrió los gastos iniciales hasta dotarlo de un hospital de doce camas, oficina, vivienda para seis religiosos, además de un huerto.

Su administración se dejó a los monjes juaninos, quienes llegaron a Oaxaca en 1669 y dedicaron el conjunto a San Juan de Dios. La nueva dedicación se hizo el 8 de octubre de 1702. El hospital fue apoyado en sus gastos por el filántropo oaxaqueño Manuel Fernández de Fiallo y fue una institución única en su género que funcionó durante más de un siglo, hasta que se clausuró por falta de recursos y por el fallecimiento de los monjes.

Un incendio destruyó el inmueble en 1864, no quedando más que una capilla para el culto. El convento estaba en completa ruina. En 1887 el arzobispo Gillow promovió la reconstrucción del templo que fue vuelto a consagrar en 1890.

Desde 1888, el terreno que ocupaban las celdas, el hospital y el huerto fueron ocupados por el mercado 20 de Noviembre.

Destacan ocho pinturas en la nave del templo: una sobre la cruz de Huatulco, otra sobre el bautizo del rey zapoteca Cosijoeza, una más con los dominicos defendiendo a los indígenas, y cinco sobre la revuelta en que fueron sacrificados los Mártires de Cajonos, beatificados en julio del 2002 por el papa Juan Pablo II.

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