La leyenda del origen del hombre Mixteco en Apoala

Oaxaca, tierra rica en pueblos y tradiciones, es también una tierra rica en leyendas y mitos que denostan la sabiduría y el sentir de la gente que en ella habita. Hablando de mitos y leyendas cabe hacer una acalaración pertinente: la definición de leyenda nos dice que lo humano se hace divino en la leyenda; es decir, un acto humano se convierte en divino en el relato de la gente que, a través del tiempo, nos cuenta un hecho sobrehumano que muchas veces le da identidad a un pueblo. El mito, por el contrario, es un hecho de un ser divino que se humaniza. Partiendo de lo anterior la leyenda del origen del hombre Mixteco de Apoala raya en la frontera de ambos conceptos y nos relata el génesis mismo de la concepción de este pueblo sobre el inicio de los tiempos.

En la Mixteca se relata que al inicio de los tiempos la tierra se encontraba envuelta en la oscuridad, la faz de la tierra se encontraba cubierta sólo con agua y lama. Llegó a la tierra un dios llamado Un Ciervo. Este dios, haciéndose visible de forma humana y que por sobrenombre llevara Culebra de León, arribó al siniestro lugar.

También apareció una diosa muy bella, de nombre Un Ciervo pero de sobrenombre Culebra de Tigre. Aunque después aparecieron más dioses, Culebra de León y Culebra de Tigre fueron los primeros dioses en aparecer en estas tierras.

Culebra de León y Culebra de Tigre, con su gran poder y fuerza, formaron una peña que les sirvió de palacio; cuenta la leyenda que arriba del palacio había una gran hacha de cobre, la cual, con el filo hacia arriba, sostenía el cielo. Se dice que lo que hoy es Apoala en la Mixteca Alta es el mismo lugar donde se asentaron la peña y el palacio de estos dioses primigenios.

El mundo continuó en la oscuridad muchos siglos más y los dioses vivían en su morada mientras tanto.

Culebra de León y Culebra de Tigre procrearon dos hijos a los cuales dieron nombres del día en que llegaron a este mundo: uno llevaba por nombre Viento de Nueve Culebras mientras el otro recibió el nombre de Viento de Nueve Cavernas.

La creación de estos dos nuevos dioses llenos de abundancia y felicidad les permitía, al mayor, convertirse en águila para después volar en las alturas sólo para recrearse; al menor en una serpiente alada que tenía la capacidad de la invisibilidad. Los pequeños dioses decidieron mutuamente honrar a sus padres, los dioses, mediante una ofrenda; en incensarios de barro y sobre las brasas colocaron con gran devoción "Veleño molido". Se dice que ésta fue la primera ofrenda en el mundo.

Después de venerar a sus padres, los dioses, mediante este acto, los hermanos se dispusieron a hacer un jardín con muchos árboles y plantas de gran belleza con olores exquisitos que provenían de flores y frutas deliciosas y yerbas aromáticas de una gran gama de colores preciosos. Los hermanos también hicieron un bello prado donde pasaban gran parte de su tiempo llenándolo con su felicidad y abundancia.

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