Brevemente cierro los ojos y la escena aparece en mi mente. El pasado se hace presente en tan solo un segundo y permanece ahí para siempre; una espada de pirata medio enterrada en la arena y grandes galeones anclados en las verdes aguas de la bahía de Santa Cruz, pequeños botes sobre la playa esperando por provisiones y agua dulce y, al mismo tiempo, hombres rudos buscando algo valioso que robar o destruir.
Hay mucho más que tremenda belleza en este puerto; la leyenda dice que un anciano, supuestamente el apóstol Tomas, dejó una cruz de madera enclavada en la bahía de Santa Cruz. Los españoles encontraron que los nativos adoraban esa cruz. De hecho, Huatulco proviene del náhuatl y significa "Lugar donde se adora el madero".
Huatulco fue un puerto importante entre Acapulco y Perú desde 1540 hasta 1560. En esos tiempos, la piratería llegó a este lugar y saquearon el área; Francis Drake en 1579 y Thomas Cavendish en 1587. Cavendish llegó a la bahía de Santa Cruz, y encontró la cruz que los indígenas adoraban. Creyendo que era obra del diablo, él y sus hombres trataron de cortarla en pedazos y quemarla. Al fracasar en su intento, Cavendish la ató con los amarres a su barco y con las velas desplegadas trato de tirarla con la fuerza del viento. Frustrado, finalmente se fué, dejando la cruz de Huatulco aún erguida sobre la orilla.
Hoy en día, la belleza de la bahía no ha perdido el encantador misticismo que en otros tiempos atrajo a piratas. Es muy fácil imaginar un galeón con las velas desplegadas moviéndose lentamente al ritmo del viento en el atardecer.
La bahía tiene cinco pequeñas playas donde las cristalinas aguas permiten apreciar la blancura de sus arenas y formaciones de coral. A algunas de estas playas solo se puede llegar por bote. Hace un tiempo, antes de que el complejo turístico que es hoy Huatulco, se podía ver una laguna de temporal donde hoy se asienta la marina de yates y lanchas. Por muchos años, Santa Cruz fue un puerto importante en los alrededores. Mucha gente que vivía aquí trabajaba y dependía del mar. De hecho, Santa Cruz fué un lugar de pescadores durante muchos años. Las aguas de la costa Oaxaqueña son ricas en muchas especies de peces y otras especies; pulpos, langostas, manatarrayas, tortugas, tiburones, caracoles, almejas, atún marlin, y pez vela. Algunos viajeros que lograron llegar a este lugar en los ochentas, después de recorrer diez o doce horas la vieja carretera que proviene de la ciudad de Oaxaca, cuentan que encontraron una pequeña aldea en la bahía de Santa Cruz donde los locales vendían pescado y mariscos a precios bajísimos. Algunos han regresado después de muchos años y no pueden creer que sea el mismo lugar que visitaron hace unas décadas. Cabe decir que el lugar no ha perdido su belleza debido a los factores del desarrollo turístico. Si es un paraíso natural, respetuoso de la diversidad, es debido a la planeación integral de todo el complejo turístico. Santa Cruz es de hecho el punto de partida de paseos en lancha hacia todas las otras bahías. Hay bancos, restaurantes, hoteles, marina, residencias, una capilla, servicios de pesca y buceo, la Armada Mexicana, oficina de migración, tiendas de abarrotes, servicio de taxi, mercado de artesanías y recuerdos, farmacias, casetas telefónicas, discotecas, un parque, cafetería, y muchos otros servicios. Donde solía ser una pequeña aldea donde solo se acampaba bajo las estrellas, se comía pescado y se convivía con los nativos es ahora una hermosa playa con servicios de primera. Lo positivo es que la playa permanece limpia y el agua clara y es visitada por muchas familias y se siguen sorprendiendo por el color verdoso y la tranquilidad del mar que parece una alberca cálida y gigante como ha sido por muchos largos años.

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