Leyenda de Santa María Huatulco

La gente de esta comunidad, especialmente los ancianos, gustan de platicar con los visitantes y, orgullosamente, hablan de sus recursos naturales como el río, las cuevas que se localizan en las faldas de un empinado cerro, y por supuesto, de leyendas. Un anciano nos contó una de ellas bajo las frondosas ramas de un árbol de mango y de una buganvilia; dijo que hace muchos años, cuando él era niño, llovió muy fuerte por muchos días y aparecieron manantiales por doquier. Como lo hacían comúnmente, la gente siguió en sus tareas cotidianas. Una tarde de esas copiosas lluvias, increíblemente, llovieron chacales y peces vivos. Aunque parezca imposible, ya que el mar se encuentra por lo menos a 20 kilómetros, el relato del anciano está guardado en su memoria como si hubiese sucedido unos días antes. Los chacales y peces vivos caían y se retorcían cuando chocaban contra el suelo. Los lugareños, en vez de maravillarse o preguntarse qué estaba sucediendo, recolectaron todo lo que pudieron ese día memorable y fantástico. Se supone que un tornado absorbió del mar y de los ríos, con gran fuerza, y envió a los peces y chacales tierra adentro hasta caer en plantaciones o en la selva.

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