Cavendish llegó a la bahía de Santa Cruz, y encontró la cruz que los indígenas adoraban. Creyendo que era obra del diablo, él y sus hombres trataron de cortarla en pedazos y quemarla.
La leyenda de la princesa Donají dice que un pastorcillo encontró un lirio silvestre, que decidió arrancar de raíz. Cuando cavaba pudo ver una cabeza humana la cual se dice que se preservaba intacta y que pertenecía a la princesa Donají.
Cuando cayó la tarde arreció un aguacero y el campeador tuvo que refugiarse en una cueva de Cerro Gordo. Su perro permaneció fuera de la cueva mientras el campeador descansaba dentro.
Cuentan los miahuatecos que en las noches se escuchan las ruedas de una carreta y cascos de caballos en esa calle, en veces acompañada de silbidos, otras con carcajadas pero invariablemente provocando un cortante frío al compás del sonido de las rued
Muchos aseguran haberla visto caminando, casi flotando por las calles de Miahuatlán. Han visto a una mujer vestida de blanco caminando a altas horas de la noche y madrugada cerca del arroyo que cruza la ciudad.
Reza esta leyenda Oaxaqueña que la piedra comenzó a crecer de forma alarmante debido a una maldición. Dicho embrujo haría que la roca creciera de tales proporciones que llegaría a cubrir todo el pueblo.
Los Chacales y peces vivos caían y se retorcían cuando chocaban contra el suelo. Los lugareños, en vez de maravillarse o preguntarse que estaba sucediendo, recolectaron todo lo que pudieron ese día memorable y fantástico.
A un costado del camino a La Trinidad hay un pequeño cerro, casi un montículo plagado de hierbas silvestres. A este montículo se le conoce como el Cerro del Catrín.

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