Panteón San Miguel, Ciudad de Oaxaca

Misticismo del Día de Muertos: el panteón San Miguel

El panteón San Miguel es uno de los lugares más sagrados de Oaxaca donde la magia explota en miles de flamas de velas, que suavemente se mecen al compás del viento de noviembre. Más de dos mil nichos del panteón se iluminan bellamente en la festividad del Día de Muertos. También se decoran las tumbas con flores, comida, bebidas, cruces y fotografías. La vista es un cuadro perfecto de misticismo, mito, leyenda y tradición.

La oscuridad del cementerio pierde el concepto aterrador donde la muerte mora durante estos días; adultos y niños caminan tranquilamente por corredores y pasillos en la profunda noche admirando el gran trabajo realizado para recibir a los muertos en estos mágicos momentos.

En 1829, debido a un decreto de una nueva ley de panteones, ordenada debido a los índices de muerte registrados en la ciudad de Oaxaca por la epidemia de la viruela, se tenía que establecer un lugar propicio como cementerio, y los predios localizados entre el río Jalatlaco y las minas de cantera municipales eran los ideales. Fue llamado Panteón General.

En 1833, este cementerio fue usado otra vez para enterrar los numerosos muertos que fueron víctimas del cólera. En 1834, el panteón fue acondicionado con límites con una cerca provisional, y en el centro se construyó una capilla rodeada de nichos y, se puede decir, que éste fue el primer panteón municipal en Oaxaca, el cual fue llamado San Miguel.

En 1839, las autoridades municipales decidieron mejorarlo, y consultaron al dibujante y maestro Francisco Bonequi para que hiciera un proyecto de panteón en toda la extensión de la palabra.
Una vez que el proyecto se aceptó, Bonequi fue nombrado director de la obra. Desgraciadamente, debido a las constantes rebeliones que se suscitaron en la ciudad por aquellos días, se suspendió la construcción cuando se habían alacanzado ciertos avances y el proyecto de la Gran Capilla que debía estar en el centro del panteón se perdió, y así nunca se concluyó la obra.

Aunque no se concluyó, el panteón se usó desde esa época gracias al decreto del 5 de septiembre de 1844, que restringía definitivamente los entierros en templos.
Finalmente, cuatro paredes de 113 metros cada una, y un simple frontispicio comprendían el edificio finalizado en estilo Toscano. Dentro de él, se alzan cuatro galerías, las que comprenden 100 arcos en el mismo orden, con 2355 nichos o sepulcros de piedra simétricamente abierta en las anchas paredes.

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