Caracol Púrpura

En búsqueda del Caracol Púrpura

Es temprano en la fresca mañana huatulqueña. El viento acaricia suavemente el rostro mientras nuestra mirada se pierde en el horizonte de luz tenue de este bello amanecer en el mirador del faro, cerca de la Playa La Entrega, lugar donde fue entregado Don Vicente Guerrero y que debe su nombre a tal suceso histórico; lugar de galeones y arrecifes enmarcados por las aguas color jade de la Bahía Santa Cruz. La bahía del Maguey se dibuja hacia la derecha de éste sitio con vista espectacular hacia el precipicio que bordea al Bufadero, una cueva semi-sumergida que lanza un chorro de aire y agua con el arribo de cada ola y que bufa cual dragón enfurecido.

Rocas color púrpura

Abajo, donde la mar azota rítmicamente sobre los islotes sobresalientes de la caleta, donde la espuma que dejan las olas del Pacífico blanquea el oscuro pigmento de la roca mojada, el ecosistema que se aferra a la vida y se hace más notorio con el cambio de mareas, esconde un secreto ancestral de gran importancia para diversos grupos étnicos del estado de Oaxaca: el caracol púrpura. Su nombre científico es Plicopurpura Pansa y es de suma importancia en la cultura oaxaqueña.

Colorido en trajes típicos

Es bien sabido que el colorido de los trajes típicos de Oaxaca, color y tradición que han puesto a este bello estado en uno de los primeros lugares en diversidad étnica y cultural, es una de las características sobresalientes del mosaico que conforma la vestimenta de las ocho regiones, tan diferente cada una en sí, tan orgullosa cada una de sus fiestas y costumbres.

Los artesanos de Oaxaca han usado diferentes tintes para colorear sus tejidos; ya sea la grana cochinilla, las hierbas y, por supuesto, el caracol púrpura. Desde tiempos prehispánicos los textiles han sido teñidos mediante la ordeña de este molusco en la costa oaxaqueña.

Entre espuma y brisa marina

Exploring Oaxaca, con la ayuda del guía profesional Leonardo, se dio a la tarea de encontrar algunos especímenes de este noble y aclamado animal entre las culturas locales. El punto de partida es el faro del mirador, que observa paciente el azul intenso del océano de este rincón del sureste mexicano. Mirar sobre el acantilado del mirador puede causar vértigo, el descenso sobre la pared de roca de granito se antoja difícil y a la vez divertido pero, la recompensa para ver al caracol púrpura en su ambiente lo vale.

Preparándonos para el descenso

Mientras preparamos el cuerpo y el equipo para descender, Leo nos cuenta que hace no muchos años este molusco era muy común en la costa huatulqueña; de niños acostumbraban tomar el caracol y ordeñarlo sobre su cabello con el fin de pintarlo como un tipo de juego que hacía enojar a las madres y que dejaba un fuerte olor nauseabundo por varias horas. Las manos, después de la ordeña, se tornaban pegajosas hasta darles un buen baño en el mar y el intenso color verde-café se convertía en un bello rosa muy difícil de quitar de la piel. En el cabello, primero se tornaba color verde y varios días después cambiaba paulatinamente a color púrpura.

Artesanos mixtecos

Hoy, las mujeres mixtecas siguen usando rebozos, vestidos, huipiles y diademas teñidas con la tinta de este molusco. De hecho, los ordeñadores del caracol jamás le hacen daño; es primero la recolección y luego una ordeña para después colocar al animal donde se encontró, muy cerca del nivel de la marea, adherido a las rocas donde sobrevive con la brisa marina. Cabe decir que no sólo los mixtecos han usado este caracol desde tiempos ancestrales; lo usan también los huaves, los chontales y los zapotecas quienes viajaban a pie más de 200 kilómetros para encontrar al molusco en las costas de Oaxaca.

La tinta del caracol púrpura

La tinta de este molusco es de hecho su arma de defensa, un arma química que utiliza para defenderse de sus depredadores. Al igual que pulpos y calamares posee una cápsula con tinta de color violeta y, que por cierto, tiene un horrible olor.

El pequeño camino que bordea la pared del acantilado tiene apenas un metro de ancho y serpentea entre piedras, hierba y arena deslavada. El descenso a la zona del Bufadero es un tanto peligroso y no recomendable para el turista pero, con el guía y equipo adecuados el riesgo disminuye, aunque sea un poco. Entre más se desciende la brisa marina moja delicadamente un poco más a cada momento y el rugir de las olas se acentúa conforme descendemos a la base, a más de 40 metros del mirador. Desde abajo, la pared del cerro y la cumbre del mirador, donde curiosas nos observan otras personas, luce imponente. Hemos llegado, ahora a buscar entre las rocas y canaletas de la zona intermareal por donde el agua blanca se filtra y cubre y descubre la vida marina.

Después de unos minutos, Leo es, por supuesto, el primero que encuentra su caracol; es un caracol de unos cinco centímetros de un color grisáceo oscuro. Leo lo levanta cuidadosamente, nos muestra su abertura casi circular, es necesario sostener el caracol con la abertura de su concha hacia arriba para que no se derrame la tinta, la cual se asemeja más a una leche amarillosa que al hermoso color púrpura en que tornará después de un tiempo. Su concha tiene pequeños picos afilados y por tal motivo se tiene que tomar con sumo cuidado. Después, frota el caracol sobre su playera y éste deja apenas una perceptible mancha; esperábamos que el caracol dejara un gran rastro pero, no fue así. Nuestro guía deposita al molusco con respeto y gratitud en el lugar donde lo encontró y gracias a que la marea está baja el caracol queda posicionado casi en el mismo rincón húmedo donde se situaba. El color en la tela, verdoso al principio, se torna en rosa en cuestión de minutos. Cada caracol puede expulsar aproximadamente tres mililitros de tinte, sólo para colorear un huipil se necesitan cientos de caracoles.

El caracol púrpura puede vivir hasta 40 años, su tinte es un narcótico para sus depredadores, puede procrear miles de crías pero sólo sobrevive el cinco por ciento, estas crías flotan con el plancton, el cual es el primer eslabón en la cadena alimenticia marina y tiene muchos depredadores. A los 20 días las crías se pueden adherir a las rocas donde vivirán en la zona donde las mareas ascienden y descienden su nivel cada seis horas todos los días del año y llegar a medir hasta 10 centímetros en su vida adulta.

El caracol púrpura se ordeña sólo en época de secas, ya que durante la temporada de lluvias, en verano, se reproduce y sólo se ordeña una vez al mes para que en este tiempo el caracol se recupere ya que es esencial la conservación de este molusco para que la tradición continúe. En Huatulco, los artesanos de mixtecos de Pinotepa de Don Luis, quienes preservan la tradición de viajar más de 240 kilómetros y para quienes el color púrpura tiene un significado simbólico relacionado a la fertilidad, la fuerza, el poder y la muerte, están autorizados para ordeñar los caracoles y esta actividad es supervisada por El Parque Nacional Huatulco para que se realice de forma respetuosa a la naturaleza.

Valor cultural y ecológico

El valor cultural y ecológico del molusco es incalculable. De ahí el respeto a la conservación de este importante ingrediente en el colorido de los trajes oaxaqueños, conservación practicada por los grupos étnicos durante siglos.

Travel Guide Exploring Oaxaca

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